Cama Caliente: «Nuevo Sistema de Producción se instala en Uruguay» Revista ANPL

el 16, Jun, 2020 | Holando

Compartimos un artículo presentado por la Revista Oficial de la ANPL en su edición de junio de 2020, sobre las primeras experiencias en nuestro país del sistema de producción de «cama caliente». Estos cuatro socios de nuestra Institución ubicados en el departamento de Colonia cuentan por qué han optado por este cambio y cuál es la apuesta a futuro que motiva esta inversión.

«Realizamos una recorrida por el departamento de Colonia donde cuatro productores, muy distintos entre ellos, rompen los esquemas habituales de producción de nuestro país, coinciden que para ellos es la única manera de salir adelante. El sistema de cama caliente comienza a utilizarse en Uruguay con resultados alentadores. Se trata de una alternativa de producción diferente que permite seguir aumentando la producción en los establecimientos con limitación de área. Con costos que rondan entre US$ 300 y US$ 400 por vaca, este sistema busca estabilizar la producción en los establecimientos, aprovechando todos los kilos de materia seca producidos.

El sistema de cama caliente es muy utilizado en Brasil y Argentina, pero con costos por el armado de galpones que superan los US$ 2.000 por vaca. Sin embargo, en nuestro país, los productores que lo están implementando buscaron alternativas más económicas, permitiendo una baja sensible de los mismos utilizando nylon. Dentro de los principales motivos que han llevado a que tambos de Uruguay comenzaran a utilizarlo, están las limitaciones del sistema pastoril donde las vacas consumen no siempre las cantidades necesarias y además caminan mucho.


“Con este sistema, si bien hay que cosechar el pasto de forma mecánica, la conversión de pasto a leche es mucho más eficiente”, explicó el productor Fernando Raggio. A su vez sostuvo que, si bien muchos gastan en dar comida de calidad produciendo soja o alfalfa, hacer caminar a las vacas al sol y en invierno con barro, donde se pierde el potencial de producción de leche es un tanto contradictorio. En el caso del sistema de Raggio, la alimentación tiene un costo de 16 litros por vaca. A eso hay que sumarle los gastos adicionales como luz, personal, gasoil, etc. pero asegura que le quedan más litros libres por vaca que con la modalidad anterior. Actualmente ordeña 80 animales y pretende alcanzar los 200, lo cual con el sistema anterior sería imposible lograrlo. “Para nosotros lo principal es alcanzar la estabilidad en el sistema y hoy después de 15 días de encierre estamos en 29 litros promedio de todas las vacas y mejorando día a día”. Las vacas encerradas tienen camas elaboradas con cáscara de arroz, las cuales se mueven dos o tres veces por día. A menos de un mes del cambio de modalidad, la alimentación se basa en silo de maíz, silo pack de alfalfa, grano húmedo de maíz, expeler de soja, cáscara de soja y semilla de algodón. Como se aprovecha mejor el campo, habrá más comida disponible para, en su caso, dejar a las recrías pastoreando allí. “También estimamos que la productividad del campo va a aumentar teniendo en cuenta que no hay pisoteo de los animales”.


En tanto, Pablo Rostagnol sostuvo que en su establecimiento no estaban aprovechando el potencial de producción de leche de sus vacas. “Estoy convencido de que el sistema funciona”. Con este sistema, en vez de 300 vacas en ordeñe, puedo tener 400 o 500”. Su galpón tiene 120 m de largo y 35 de ancho. Rostagnol explicó que fue hecho de esta forma para que las vacas pudieran salir y tengan gasto de pezuñas, que es uno de los problemas que se puede tener en estos sistemas. En su caso, la inversión por vaca fue de US$ 400, con una cama elaborada de restos de silo, fardo y bosta. Las vacas comen 22 Kg. de silo de maíz, 6 Kg. de fardo de alfalfa, 4 Kg. de silo pack de alfalfa, 2.5 Kg. de torta de soja y 5 Kg. de grano húmedo de maíz. La producción de leche de las vacas encerradas tiene un promedio de 36 litros con 170 animales en ordeñe. “La alimentación hoy nos cuesta unos 12 litros por vaca lo que nos deja un margen de litros libres muy atractivo. Rostagnol explicó que además del galpón tienen en el campo un lote de cola, pero sabedores de que todo el ganado con el tiempo va a estar bajo techo.


Por su parte, Leonardo Karlen explicó que la decisión de cambiar al sistema de cama caliente fue porque “a campo ya no daba. Las vacas comían mal, pensábamos que se llenaban, pero no producían la leche que debían producir y además no podíamos cargar más el campo”. Agregó que la inversión en genética tampoco se plasmaba en litros de leche. En su caso la inversión para hacer el galón de 120 m por 58 m fue de US$ 260 por vaca. El sistema cuenta con un callejón central, el cual permite dar de comer de los dos lados. Para las camas se usaron cáscara de arroz y un poco de aserrín. Karlen aseguró que a pocos días del cambio en el sistema la respuesta en cuanto a la condición corporal de las vacas fue excelente, al tiempo que la producción subió de un día para otro 2 litros “simplemente por tener mayor confort”. Hoy ordeñan 270 vacas con un objetivo de 300 en el corto plazo. La dieta tiene un costo de 17 de los 27 litros que producen las vacas preñadas que están por secarse “lo que tira el promedio para abajo. Lo que va pariendo va para otro lado dentro del galpon con otra dieta”, explicó. A las vacas de punta se les da 20 Kg. de silo maíz, 6 Kg. de silo de soja, 6 Kg. de silo de avena, 5 Kg. de cáscara de soja, 4 Kg. de expeler de soja y 3 Kg. de cebada. A la mejor producción se suma que, a menos de un año del cambio del sistema, “me sobran 120 has que las voy a hacer de grano de cebada. Nunca se sembraba nada para grano porque el campo no daba. Pienso que cuando todo se organice mejor me va a sobrar hasta un 30% del campo”. Con rendimientos que en el caso de los maíces para silo promedian los 30 mil Kg. de materia verde, las avenas 16 mil Kg. y la soja picada 18 mil Kg., tienen comida para 8 meses hacia adelante. “Antes teníamos menos vacas y cuando había alguna seca teníamos que salir a comprar comida, hoy ya estamos implementando el tercer ordeñe”.

En tanto, Alfredo García asesor del establecimiento, La Muesca de Darío Jorcín, explicó que la estabilidad del sistema fue lo que los llevó a probarlo en uno de sus tambos. “La producción de pasto en nuestro país es muy variable y ahora, dos veces al año armamos la comida de todo el año, produciendo más leche y de forma estable”. García agregó que, a los tres días de encerrar el ganado, éste ya había aumentado 3 litros su producción. La alimentación se basa en silo de maíz, silo de alfalfa y silo de sudan que se hizo para dar fibra completando cerca de 14 Kg. de MS. A su vez, se dan otros 10 Kg. de concentrados lo que hace un total de 24 Kg. MS/ VO/día. El galpón es para 180 vacas. Tienen dos comederos, lo que permite mejorar la distribución del ganado dentro del galpón. En este sistema, el costo de alimentación es el 50% de lo que produce cada vaca, las cuales promedian los 38 litros de leche. Si bien también reconoce que con otros sistemas se pueden lograr picos más altos de producción con costos más bajos, luego bajan, mientras que con la cama caliente se mantienen estables. Para García, el sistema permite aprovechar de mejor manera la genética de la cabaña que es de origen americano y canadiense. El sustrato de la cama es con cáscara de arroz. García coincide que en este sistema es fundamental ser muy eficientes en cuanto a la producción de comida para que no se deba corregir con grano. “Sacando a las vacas del campo, estimamos que vamos a tener mejores producciones de comida”, concluyó.

Más allá de las diferencias entre las opciones que manejaron estos productores, todos buscaron alternativas para tener instalaciones más baratas que puedan repagarse en un corto plazo. Da la sensación que el problema más complejo que podrían tener es el de la mastitis, porque si no se maneja bien la cama de las vacas se puede convertir en un arma de doble filo. Los productores entrevistados han logrado controlar bien ese problema. Si bien no todos los establecimientos de nuestro país podrían implementar este tipo de sistemas, aparece como una alternativa de producción que permite crecer manteniendo el área e incluso en muchos casos reducir la misma. Es el comienzo de algo nuevo para nuestro país, la única información de estos sistemas en Uruguay la tiene EEMAC en un ensayo que se está llevando adelante en Paysandú. Mas allá de todo lo expuesto hay que celebrar las ganas, el pienso y el empuje que le ponen estos productores que se la juegan de lleno a estos sistemas.»

Para acceder a este artículo y a la edición de junio de la Revista Oficial de la ANPL ingrese aquí.

Fotos gentileza Juan Luis Dellapiazza.

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